Infancia interrumpida

Infancia interrumpida

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El día 12 de junio se celebra el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil, una fecha que desafortunadamente tiene que existir y seguirá existiendo si no ponemos remedio.

Estos menores se ven obligados a trabajar desde muy temprana edad por muy controvertidos y diversos motivos, interrumpiendo su infancia de forma drástica y dejando de lado lo que todo niño debería hacer a su edad: jugar, tener una educación, aprender de su entorno en un ambiente agradable que les permita socializar y desarrollarse como individuos.

Estos niños generalmente son alejados de su hogar y de sus familias, por lo que se ven obligados a madurar prematuramente asumiendo responsabilidades que no les corresponden y que les inducen a un deficiente desarrollo de habilidades sociales. En los peores casos, recurren a la violencia y se convierten en personas frías debido a las carencias emocionales que han padecido.

Y es que los niños tienden a imitar lo que ven y escuchan de sus padres y personas más cercanas, pero en estos casos no existen referentes positivos para ellos, sino que atienden a sus superiores o los niños que se encuentran en la misma situación que ellos.

Imagen: @freepik

Datos aterradores

Según la ONG infantil World Vision, de esa cifra, 85 millones se encargan de tareas que definen como “las peores formas de trabajo infantil”. Trabajos potencialmente peligrosos que dañan su salud, seguridad y desarrollo interior, ya que “impiden a los niños disfrutar de su infancia y recibir una educación, afectando tanto a su salud física como a la moral”.

Asimismo, la mayoría de estos menores se concentran en determinadas zonas del mundo. Atendiendo a los datos ofrecidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 72 millones de niños se encuentran en África; 62 millones en la región de Asia y Pacífico; 10,7 millones entre América del Norte, Centro América y Sur América; 1,1 millones en los países árabes y 5,5 millones entre Europa y Asia Central.

Lo más escalofriante es que el 75% de estos niños tienen edades comprendidas entre los 5 y los 14 años. ¿Te imaginas si fuese tu hijo?

Por desgracia, y pese a los intentos de multitud de iniciativas y ONG’s que luchan contra este mal, el trabajo infantil sigue creciendo año tras año.

¿Qué soluciones propondrías tú para acabar con esta horrible situación?

La esterilidad: cómo afrontar la frustración y barajar otras opciones

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Hoy en día las técnicas de reproducción asistida o la adopción de niños se han convertido en una opción recurrente para las parejas que no logran concebir un bebé de forma biológica.

Por desgracia, son cada vez más los casos en que ya sea por unas causas o por otras la gestación no llega a término (infertilidad); o en que la mujer, el hombre o ambos tienen problemas para que el óvulo sea fecundado (esterilidad).

La genética, la edad, el estrés o hábitos de vida poco saludables como el alcohol o el tabaco son sólo algunos factores que pueden generar esterilidad tanto en hombres como en mujeres. Por tanto, debemos cuidar nuestro cuerpo si queremos dar vida a un nuevo ser, aunque no siempre es tan sencillo.

Imagen @Freepik

Cómo afrontar la situación

¿Qué ocurre cuando quieres ser padre/madre y la propia naturaleza no te lo permite? Pues que se pueden generar frustración, estrés, depresión, ansiedad y otros síntomas que desembocan en una crisis personal y también emocional con tu pareja.

En la mayoría de los casos, recurrir a un terapeuta es la mejor vía para aprender a gestionar los sentimientos y emociones que genera la situación, y superar el proceso como una pareja unida sin que la relación se deteriore.

Y es que aparte de tener que afrontar la imposibilidad de concebir de forma biológica, la pareja debe  plantearse la opción de tener hijos mediante otras vías.

Existen más alternativas

Hoy en día la ciencia ha evolucionado notablemente en el campo de la fertilidad, por lo que cada vez más parejas recurren a tratamientos de reproducción asistida como la Inseminación Artificial o la Fecundación In Vitro.

Según el Instituto de Reproducción CEFER, las probabilidades de éxito de la inseminación se encuentran entre el 13-21% y las de la FIV alcanzan el 40-60% en cada ciclo.

Por otro lado, hay personas que no quieren someterse a este tipo de tratamientos y optan por la adopción. En este caso, hay dos factores a tener en cuenta:

  1. El sistema burocrático que en ocasiones dificulta el proceso.
  2. El niño/a adoptado no tiene ningún tipo de conexión biológica con los padres.

Pero afortunadamente la maternidad/paternidad no se reduce a la concepción de un bebé, sino a la crianza, al amor y a la dedicación que le procesas a esa persona que de cualquier modo es tu hijo/a, y para la que tú eres su referente, su TODO. 

Si te sientes identificado/a con alguna de estas situaciones y necesitas apoyo psicológico, no dudes en contactar con nosotros. Estaremos encantados de asesorarte.

Lo que esconde la falsa realidad tras las Redes Sociales

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Aunque no lo creamos, los jóvenes de hoy en día han crecido en la ‘Era de Internet’ rodeados de pantallas. El móvil y las redes sociales son su día a día y, lo que antes se centraba en conversaciones de horas con sus amigos o familiares, se ha visto reducido a admirar imágenes de otros en Instagram, ver qué ha subido el chico o la chica popular del insti en Facebook, conocer al dedillo cuál es el vídeo más viral de Internet o saberse de memoria el temazo de moda en Spotify. 

Lo importante es ‘estar en la onda’ y no quedarse rezagado porque, ¿quién quiere ser el pringado de clase? ¿O el rarito del grupo?

Y es que durante la adolescencia la autoestima es más frágil que nunca, ya que los jóvenes son inseguros y cualquier acción que afecte a su identidad les hace vulnerables.

Su mundo se mide por una constante necesidad de aprobación por parte de los demás a través de las redes sociales. Si sus contenidos funcionan, se sienten reforzados; si no, les afecta a su autoestima por el inevitable miedo al fracaso.

Imagen: Freepik

Una realidad paralela

Como bien dijo François de la Rochefoucauld: “Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo”. 

Cuando los jóvenes (y los no tan jóvenes) publican una imagen en redes sociales, lo hacen tras seleccionar una de las decenas de fotos iguales que han tomado, incluir filtros, poses imposibles y múltiples trucos para conseguir el mejor resultado pero, ¿muestran la realidad?

La perfección no existe, y si no que se lo digan a Essena O’Neil. Esta influencer tuvo que decir basta a una vida aparentemente perfecta a través de su perfil de Instagram, pero que era de todo menos real.

Lo que de verdad importa: la vida real

Quizás tienes miles de seguidores en tus perfiles pero, ¿cuántas de esas personas estarán a tu lado cuando las necesites?

Ten en cuenta que:

  • Lo primordial es conocerte bien, aceptarte tal cual eres e intentar mejorar aquello que quieras por ti mism@, no porque lo crean los demás.
  • No te preocupes por conseguir followers, quienes deben importarte son tus verdaderos amigos y personas queridas.
  • No tienes por qué gustar a todo el mundo. Lo más importante es que te quieras tú.
  • Cuando subas un contenido, que sea porque realmente te apetece compartirlo con quienes te importan. No esperes la aprobación en forma de likes.
  • Si quieres mostrar tu vida a través de las redes sociales, debes ser capaz de asimilar los comentarios y críticas que puedan aparecer.

Y para finalizar, ten muy claro que las relaciones personales y las amistades reales no se basan en interacciones en redes sociales, sino en el contacto directo entre personas. En un abrazo, en un beso, en un ‘me gusta’ dicho desde el corazón.

¿Qué hacer con las emociones desagradables?

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Por Maite Lezaun

Las personas experimentamos diferentes emociones a lo largo de nuestro día. Es fácil sentirse más cómodo con emociones positivas o agradables, pero, ¿qué nos ocurre cuando aparecen aquellas sensaciones que no nos resultan tan placenteras?

Sería interesante comenzar con una breve definición de las emociones para entender qué son realmente estas sensaciones que, ocasionalmente, tanto nos perturban. Son reacciones subjetivas al entorno que vienen acompañadas de diferentes cambios fisiológicos. No sólo aparecen ante una circunstancia presente y concreta, sino que también se disparan por cualquier hecho, idea o recuerdo.  Es evidente que no todas las personas nos sentimos igual ante las mismas situaciones, ya que cada uno interpreta la realidad de una manera, siendo la relación entre pensamiento-emoción-conducta lo que nos ayuda a comprender esta diferencia. Es decir, a partir de lo que pensemos de una situación concreta, aparecerá una emoción u otra. Esto, a su vez, nos llevará a una conducta determinada.

Imagen: @Freepik

Todas las emociones, agradables y desagradables, tienen una función adaptativa para nuestra supervivencia. Las desagradables son comúnmente conocidas como las emociones negativas, pero, ¿puede ser negativo algo que nos ayuda a sobrevivir? Cuando buscamos la definición de negativo, aparece lo siguiente: “Que produce algún daño o perjuicio o resulta desfavorable para algo”. Según esta definición, no es extraño que intentemos evitar cualquier sensación de este tipo o lo que es peor, impedir que la sientan las personas que apreciamos. Socialmente, está permitido expresar y sentir emociones agradables, vivimos rodeados de estímulos que nos obligan a experimentarlas. Sin embargo, ¿qué hacemos cuando nos sentimos tristes? O todavía más difícil, ¿cómo manejamos la ira y la envidia? En mi opinión, es una pregunta con respuesta evidente: las escondemos, las ocultamos y, por lo tanto, nos las negamos, haciendo que vayamos en contra de nosotros mismos.

Pensamiento – emoción – acción

Si volvemos a la relación anteriormente comentada (pensamiento-emoción-acción), observamos que la emoción no se presenta como algo correcto o incorrecto, bueno o malo, sino simplemente como el resultado de una interpretación que viene marcada por nuestra historia de vida y nuestras experiencias pasadas. Probablemente, nos sentimos desbordados cuando no nos permitimos tenerlas o expresarlas y, de esta manera, la emoción se vuelve en nuestra contra y reaparece de una manera más fuerte. A mi parecer, las emociones más negadas son la ira y la envidia. Es muy probable que, al sentirlas, aparezcan acompañadas de nuestra gran enemiga: la culpa. La culpa es algo que ayuda a cambiar, rectificar y corregir errores. En definitiva, a ser mejor persona. Entonces, ¿por qué aparece tras estas emociones? ¿Acaso no tenemos derecho a sentir ira y envidia? Según mi experiencia profesional, son emociones que muy presentes en todos los procesos terapéuticos. Es por esto que la figura del psicólogo se configura como un elemento esencial para permitir expresar este tipo de sentimientos sin que el paciente se sienta juzgado. Más allá de la causa que haya llevado a una persona a requerir ayuda psicológica, bajo la superficie siempre está la negación de emociones desagradables, así como el miedo a sentirlas y expresarlas. Así, la terapia brinda la oportunidad de descubrir el mundo emocional que subyace en cada uno de nosotros, aceptar nuestras emociones y, en definitiva, a nosotros mismos.

En conclusión, es más eficaz aceptar cualquier tipo de emoción que experimentemos, saber qué información nos están dando y, finalmente, decidir qué vamos hacer con ellas. Negarlas o luchar contra ellas desemboca en un círculo vicioso que genera un desgaste continuo.

Maite Lezaun

Psicóloga Sanitaria en Globaltya Psicólogos

La unión hace la fuerza: Psicología de familia

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Existen múltiples tipos de familias y, aunque cada una tiene sus peculiaridades, podemos generalizar diciendo que se constituyen como la base del desarrollo del ser humano tras su nacimiento. Los individuos necesitan referentes para aprender a relacionarse emocional y comunicacionalmente con otras personas de su entorno.

De esto último se encarga precisamente la psicología familiar, cuyo objetivo principal es ofrecer a las familias los recursos necesarios para afrontar ciertas situaciones emocionales, conflictivas o de cualquier otra índole de forma colaborativa, ya sea a nivel familiar o por parte de un único miembro.

Se trata de realizar un análisis pormenorizado de los comportamientos, respuestas emocionales y patrones de comunicación de la estructura familiar, donde cada uno de los miembros debe conocer su posición con el fin de formar un ente que actúe unido frente a cualquier adversidad.

Los casos más comunes para recurrir a la terapia de familia provienen de la pérdida de un ser querido, los divorcios o el comportamiento depresivo/conflictivo de uno o varios hijos, aunque se pueden dar infinitos escenarios dentro de cada familia.

Imagen: @yanalya

Corrientes de la psicología familiar

Aunque existen varias corrientes aplicadas a la psicología familiar, la perspectiva más usada suele ser la corriente sistémica. Se denomina así porque la familia es concebida como un conjunto de elementos que forma un todo donde no se entiende el comportamiento de los miembros por separado. El sistema (la familia) se ve afectado por el entorno e intercambia información con él para adaptarse al mismo.

En este artículo de Psicología y Mente se explica detenidamente qué es la corriente sistémica y cómo se aplica de forma terapéutica.

A pesar de que la corriente sistémica es la principal, destacan también:

  • La perspectiva cognitivo-conductual: combina el procesamiento de la información que tiene cada individuo con el aprendizaje de ciertas conductas durante la infancia y la adolescencia. Se trata de entender el porqué de ciertos comportamientos e intentar buscar la solución integrando al resto de los miembros de la familia.
  • La perspectiva psicodinámica: se deriva del psicoanálisis destacando que la personalidad se forma durante la infancia en base a cómo se satisfagan las necesidades básicas de la persona. Se centra en los procesos inconscientes de la conducta, en los pensamientos y en las emociones.

Terapias familiares aplicadas

Como comentábamos al principio, la psicología familiar puede aplicarse ante diversas situaciones:

  • Crisis familiares: generadas por la muerte o nacimiento de uno de sus miembros, conflictos y situaciones intrafamiliares complicadas.
  • Problemas de conducta: donde los niños y adolescentes suelen ser los protagonistas. Vienen dados por la separación de los progenitores, problemas de comunicación y entendimiento entre distintos miembros y dificultades adaptativas al medio (instituto, relaciones con otras personas, etc.).
  • Terapia de pareja: es una de las más comunes y suele generarse mayoritariamente por la falta de confianza, poca o nula comunicación e incompatibilidad de caracteres.
  • Otros trastornos: donde la integración de la familia es muy importante como apoyo y refuerzo de conductas que favorezcan la recuperación de uno o varios miembros que, por ejemplo, sufren de adicciones o muestran comportamientos violentos o depresivos.

Estos son sólo algunos ejemplos, pero se dan tantas situaciones como familias existen.

En cualquier caso, lo importante es formar un núcleo familiar fuerte donde la confianza, la comprensión y el apoyo mutuo estén presentes de cara a crear un entorno familiar estable.

Contacto

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