Lo llamaron La Bestia Negra de la salud mental

(Timanfaya Hernández)

El Toc, trastorno obsesivo compulsivo, es aún hoy un desconocido, aunque no pocas veces se ha intentado representar con historias que llevadas a lo cómico a algunos les hace sonreír. Me viene a la mente aquella película en la que Jack Nicholson representaba a un hombre lleno de “manias” que le impedían vivir con normalidad pero que desde la pantalla podíamos entender graciosas. Nunca más lejos de la realidad. Como en la mayoría de las ocasiones la gran pantalla suele edulcorar o distorsionar lo que la vida de a pie nos pone por delante.

Interesada ya en esta patología, no hace demasiado, escuché junto a mi amiga y compañera Almudena en un curso sobre trastornos obsesivos, que no equivocadamente a esta patología la llamaban “la bestia negra” de la salud mental. Pues bien, a día de hoy, con mucho más conocimiento de lo que hablo puedo sumarme a esta mezquina metáfora.

Realmente es una bestia, porque arrasa con la capacidad de razonar, de discenir lo que es real o imaginado. Aún a pesar de que en la mayoría de las situaciones la persona entiende que poco tiene que ver lo que le pasa con algo lógico, la verdad es que poco puede hacer para no pensar y sentir como lo hace.
Y poco a poco eso que en un principio causa desconcierto y miedo, sobre todo miedo, se va haciendo con el control de casi todo, porque acompaña allá donde estés, hagas lo que hagas.

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Existen muchos tipos de toc, en ocasiones no dejo de sorprenderme sobre qué clases de imágenes, pensamientos o vete a saber qué cosa es capaz de reproducir nuestra cabecita para llevarnos a las emociones más extremas. Suelo explicar a las personas que me dejan acompañarles en este camino que lo más difícil es deshacerse de ese sentimiento de angustia ante la duda de lo que pasa, tampoco en balde a esta patología se la ha llamado la patología de la duda. Y duda sobre qué? Pues sobre lo más inverosímil y a menudo difícil de responder: “podré hacer daño a quién quiero?; seré homosexual?; si no hago tal cosa pasara algo catastrófico?; me contaminaré sin darme cuenta?; realmente estoy o no enamorado/a?; seré yo el que ha cometido un delito?”.

Lo cierto es que estas dudas se convierten en el despertar, comer, pasear, trabajar, dormir, charlar, etc. de aquel que la padece, y esta es la clara diferencia, qué cantidad de tiempo pasa en nuestra cabeza o cuanto tiempo le dedicamos sin poder evitarlo. No es algo que se elija desde luego.

La cosa no queda aquí, cuando uno mantiene esta situación por tiempo, llega la ansiedad por más cosas, el miedo a que pase otra vez, la dificultad para que empiece un nuevo día, la falta de ganas por todo, el estomago cerrado, las pesadillas, los ataques de pánico…y en ocasiones la idea de que si se acabase todo sería mejor. Cómo no pensarlo por un instante?

Para aquellos que estáis leyendo, tenéis que saber que la patología obsesiva es complicada, pero con una adecuada evaluación, tratamiento farmacológico y la terapia psicológica conveniente se puede superar.
Si te encuentras en esta situación puedes ponerte en contacto con nosotros y te ayudaremos en todo lo que podamos.

 

Timanfaya Hernández

Psicóloga Sanitaria, co-directora en Globaltya Psicólogos y Experta en TOC

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